Libertad sí, prohibición no
- 30 jul
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Mallorca vive una realidad incontestable: nuestras carreteras soportan una presión cada vez mayor. La pregunta no es si existe un problema, sino cómo resolverlo.
Desde una óptica liberal, la solución nunca debería comenzar prohibiendo. Limitar la entrada de vehículos o imponer un cupo de coches de alquiler puede parecer una respuesta sencilla, pero también supone restringir la libertad de circulación, la actividad económica y la libre competencia.
El liberalismo no consiste en negar los problemas, sino en resolverlos respetando al máximo la libertad individual. Cuando un recurso es escaso, como las carreteras de una isla, quien lo utiliza debe asumir los costes que genera. Por ello, antes que prohibiciones administrativas, un liberal apostaría por mecanismos que regulen la demanda mediante criterios objetivos: tarifas de congestión si fueran necesarias, mejores infraestructuras, transporte público eficiente, aparcamientos disuasorios y una planificación que incentive alternativas al vehículo privado.
No es razonable que la primera respuesta de una administración sea prohibir cuando durante años no ha planificado adecuadamente las infraestructuras ni ha gestionado con eficacia el crecimiento del parque móvil.
La libertad no puede convertirse en la víctima de la mala gestión pública. Si existe saturación, corresponde a los gobernantes demostrar que han hecho todo lo posible por mejorar la movilidad antes de limitar los derechos de ciudadanos, residentes, visitantes y empresas.
Una sociedad liberal no rechaza la regulación cuando está justificada, pero exige que sea proporcionada, transparente, temporal y la menos restrictiva posible. El objetivo debe ser gestionar mejor, no prohibir más.
Mallorca necesita soluciones inteligentes, no respuestas fáciles. La prosperidad de nuestras islas siempre ha estado ligada a la libertad económica, al turismo, al comercio y a la capacidad de atraer personas e inversión. Preservar esa prosperidad exige gestionar con eficacia los recursos disponibles, no restringir la libertad como primera opción.
Porque gobernar no consiste en prohibir cada vez más. Gobernar consiste en crear las condiciones para que la libertad, la responsabilidad y el interés general convivan en equilibrio.






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