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Ceuta es España y lo seguirá siendo.

  • 3 ago
  • 1 min de lectura

Ceuta no es una cuestión de “mafias” en abstracto. Es una cuestión de soberanía, de frontera y de responsabilidad política: cuando el Estado pierde el control efectivo de su territorio, el problema deja de ser meramente policial y pasa a ser constitucional y nacional.

Desde una perspectiva liberal, no basta con denunciar a quienes trafican con personas. Hay que señalar también a quienes, por acción u omisión (la guardia fronteriza marroquí fue pasiva), permiten que esas redes conviertan la frontera en una herramienta de presión. Las mafias no sustituyen al poder político: se aprovechan de su debilidad.

Ceuta es España y debe ser defendida como tal. Eso exige tres cosas: control fronterizo real, cooperación internacional sin complacencias y exigencia de responsabilidades a quienes han convertido una crisis de soberanía en un relato cómodo sobre delincuencia organizada.

Un proyecto liberal serio no confunde compasión con desorden, ni humanidad con abandono institucional. La libertad solo existe cuando el Estado cumple su función esencial: proteger a los ciudadanos, garantizar la ley y preservar la integridad territorial del país.

Ceuta necesita firmeza, no excusas del Gobierno como si no fuera parte del Estado. Necesita Estado, no retórica. Necesita soberanía efectiva, no evasivas diplomáticas.


Ceuta es España, y lo seguirá siendo.
Ceuta es España, y lo seguirá siendo.

 
 
 

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