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No aceptamos cosas que pasan, sino cosas que no deben pasar

  • hace 1 minuto
  • 3 min de lectura

Palma, 13 de junio de 2026. El Proyecto Liberal Español (PLIE) considera que lo ocurrido en Tenerife con el avión de Iberia destinado al regreso del Papa León XIV no puede despacharse con el tópico resignado de que “son cosas que pasan”. El Papa tuvo que desembarcar tras una incidencia técnica en la aeronave prevista para su vuelta a Roma, y finalmente regresó en un Falcon cedido por el Rey Felipe VI.

Lo sucedido no es una simple anécdota logística. Es una fotografía severa del deterioro institucional y operativo que demasiadas veces se intenta normalizar en España: un avión dispuesto para trasladar al Santo Padre sufre un fallo, el problema no puede resolverse de inmediato y la solución llega por la vía extraordinaria de la Casa del Rey.

Un hecho impropio de un país serio

Según la información publicada, el comandante informó de una incidencia técnica, el aparato fue remolcado para intentar una nueva puesta en marcha y, al no poder resolverse la avería, comenzó el desembarque del pasaje mientras se esperaba una solución alternativa. Diversos medios coinciden en que el Rey acompañó al Papa durante la espera en la sala de autoridades y que, una vez constatado que el avión no podría salir en condiciones, le ofreció su Falcon para regresar a Roma.

Ese contraste es políticamente elocuente. Mientras el dispositivo previsto por el Gobierno e Iberia falló en un momento de máxima exigencia institucional, la respuesta eficaz vino de una jefatura del Estado que actuó con rapidez, discreción y sentido del deber.

Lo que debe investigarse

PLIE entiende que, a la vista de la relevancia del vuelo, de la proyección internacional del episodio y del daño reputacional causado a España, procede exigir una investigación exhaustiva sobre las causas concretas de la avería, el estado de mantenimiento de la aeronave y la cadena de decisiones adoptada antes del embarque.

Esa investigación debe aclarar, al menos, cuatro extremos:

  • Qué fallo técnico concreto impidió la salida del avión.

  • Si la aeronave se encontraba en condiciones óptimas de servicio antes de asumir un traslado de esta naturaleza.

  • Qué protocolos de revisión y verificación se aplicaron antes del vuelo.

  • Qué responsabilidades corresponden a la compañía operadora y a quienes organizaron el dispositivo oficial de transporte.

Conviene además subrayar que una de las informaciones publicadas recoge que el avión acababa de pasar una revisión de mantenimiento y que no presentaba, en principio, ningún problema particular. Precisamente por eso, lejos de cerrar el asunto, la exigencia de explicaciones resulta todavía más necesaria: si la aeronave estaba revisada, habrá que determinar por qué se produjo una incidencia tan grave en el momento más sensible.

No es fatalidad, es responsabilidad

PLIE rechaza la cultura política de la excusa permanente. En un país serio, el transporte preparado para una misión de alta relevancia institucional debe ofrecer garantías máximas de fiabilidad, y cuando esas garantías fallan no corresponde relativizar, sino depurar responsabilidades.

No se trata de explotar una avería aislada, sino de denunciar una forma de gobernar en la que la negligencia se maquilla de rutina y la chapuza se presenta como inevitabilidad. Cuando un Papa tiene que bajarse de un avión por un problema técnico que no puede resolverse de inmediato, no se está ante una incomodidad menor, sino ante un episodio de vergüenza nacional.

Posición de PLIE

PLIE sostiene que este episodio obliga a abrir una investigación rigurosa sobre Iberia y sobre la gestión del dispositivo previsto para el traslado del Papa, con el fin de esclarecer si existió un fallo de mantenimiento, una deficiencia de control o una cadena de errores impropia de un servicio que debía estar en estado impecable.

Porque no aceptamos cosas que pasan, sino cosas que no deben pasar.

No son cosas que pasan, sino que no deben pasar.
No son cosas que pasan, sino que no deben pasar.

 
 
 

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