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Palma necesita un acuerdo estable que ponga orden.

  • 19 mar
  • 3 Min. de lectura

Palma no puede permitirse una Policía Local en guerra con su Ayuntamiento

Por Francisco Fernández Ochoa, presidente nacional del Proyecto Liberal Español (PLIE)


La situación de la Policía Local de Palma ha pasado de ser un conflicto laboral más a convertirse en un síntoma preocupante de algo más profundo: la incapacidad del Ayuntamiento para gestionar con rigor uno de los servicios más sensibles de la ciudad. Cuando un cuerpo policial anuncia una “gran manifestación” contra su propio consistorio, el problema ya no es interno; afecta directamente a la confianza de los ciudadanos en sus instituciones.


Durante meses, Cort ha hecho circular la promesa de un Plan de Ordenación que debía modernizar la estructura del cuerpo, actualizar retribuciones y adaptar turnos a la realidad de una ciudad que ya no es la Palma de hace quince años. Ese plan se ha utilizado políticamente, se ha anunciado en titulares y se ha hecho descansar sobre él la expectativa de mejora de cientos de agentes. Ahora se reconoce que “no es aplicable”. En lenguaje llano: se ha estado vendiendo algo que no estaba técnicamente bien hecho.


Los sindicatos policiales llevan tiempo avisando de que la plantilla arrastra una organización obsoleta, con un organigrama que no responde al crecimiento de la ciudad ni a la carga real de trabajo. A eso se suman las bajas por agotamiento físico y mental, y la sensación de engaño tras promesas reiteradas que nunca terminan de concretarse. No se puede pedir a la Policía Local que sea la cara visible de la autoridad municipal mientras, por detrás, se improvisan planes que luego se confiesan inviables.


El problema no es que los agentes planteen reivindicaciones económicas; esto es legítimo en cualquier negociación laboral. El problema es que se haya llegado a este punto sin que Cort haya sido capaz de presentar un modelo claro, sostenible y técnicamente serio. Gobernar no es improvisar documentos para ganar tiempo, sino asumir la responsabilidad de decir la verdad: qué se puede pagar, qué no, qué cambios organizativos son imprescindibles y qué calendario real de aplicación se ofrece.


Desde una perspectiva liberal, el PLIE defiende una Policía Local profesional, bien organizada y con incentivos claros ligados a la responsabilidad, la penosidad de determinados turnos y la disponibilidad real. Eso significa premiar a quien asume más carga y más riesgo, no repartir pluses a golpe de presión coyuntural ni dejar que las decisiones estructurales se decidan en los pasillos. Significa también respetar el criterio técnico y la seguridad jurídica por encima del cálculo político.



Palma necesita un acuerdo estable que ponga ordenen tres planos:


Un diseño serio de la plantilla y de los turnos, pensado para la ciudad que tenemos hoy y para la que tendremos mañana.


Un sistema retributivo transparente, comprensible para los propios agentes y para los contribuyentes que lo financian.


Un compromiso claro del Ayuntamiento de cumplir lo que firma, evitando prometer planes que luego los propios servicios municipales reconocen que no pueden aplicarse.


Ni la ciudadanía ni los propios policías merecen este juego constante de anuncios y rectificaciones. La seguridad es una de las primeras obligaciones de cualquier administración. Si Palma proyecta hacia fuera la imagen de una Policía Local enfrentada a su Ayuntamiento, el daño no será sólo interno: afectará a la confianza en la ciudad, en su capacidad de atraer inversión y en su calidad de vida.


Es hora de que Cort abandone la política de titulares y asuma la política de los hechos: sentarse con los representantes de la plantilla, explicar con números y plazos qué se puede hacer y qué no, y construir un modelo que dé estabilidad al cuerpo al menos para la próxima década. El PLIE estará siempre del lado de una Policía Local fuerte, respetada y bien gestionada, porque sin seguridad no hay libertad ni prosperidad posibles en Palma.



 
 
 

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